jueves, 24 de diciembre de 2015

Barcelona

Recuerdo risas, calor, humedad.
Recuerdo nervios, miradas y enfados,
Y luego aquello llamado felicidad.
Recuerdo aquella sensación como la más maravillosa de la vida.

Si me esfuerzo recuerdo el olor a café de cada mañana, en la terraza del bar más cercano a casa.
Desde entonces lo que más me gusta es salir a desayunar fuera.
Y lo he vuelto a hacer, pero no es igual.
El recuerdo siempre gana.

Recuerdo despertarme con besos,
Y sobre todo aquella maravillosa idea de pasar una semana durmiendo con la cabeza en el lado de los pies,
Girados,
Creando sin ni siquiera darnos cuenta, el mejor simil para aquellos sentimientos.

Nos recuerdo bailando solos entre la gente,
Recuerdo unos tacones rojos,
Una ventana abierta las 24 horas del día con vistas a un patio trasero.
Llegar a casa con los zapatos en la mano y el vestido medio puesto 
O medio quitado.
La botella de ron encima de la mesa,
La cámara de fotos saturada,
Los paseos en moto.

Recuerdo todos y cada uno de los rincones de tu ciudad.

Te recuerdo a ti.
Mirándome,
Sintiendo que éramos las dos personas más afortunadas del mundo.
Sintiendo que tú eras más importante que respirar.

Recuerdo el dolor del día que te fuiste.
Volver a despedirnos tres años después con la palabra siempre.

Nos queda un estudio de la universidad de Cambridge bajo el brazo,
Una pelea con salsa "deluxe",
Una copa en vaso de plástico,
Una Navidad sin dormir,
Un Te quiero con la respiración cortada.
Nos queda todo lo que nosotros nos queramos tener.

Querida Barcelona, hoy sigues tan bonita como siempre.
Y solo por llevarme la contraria, me demuestras que a todos los finales les llega su principio.